dilluns, 11 de novembre del 2013

α нι∂∂єи нιтσяy [נusтιη&тú] CAPITULO 6

     · C A P I T U L O       S E I S·


-Ni siquiera me estás escuchando -le reprochó él, sin poder evitar que su vista descendiera de nuevo a la boca de la joven-. ¿Sabes qué es lo que estás pidiendo con esa actitud?

Tomándola por los hombros, la atrajo hacia sí y la besó de nuevo, abriendo sus labios para introducir entre ellos su lengua, de un modo sensual e insistente que asustó a la joven.

-No -la detuvo él al ver que intentaba apartarse-, si no te enseño otra cosa, al menos te enseñaré que el deseo no es algo con lo que se deba jugar.

Una de sus grandes manos subió hasta la nuca de ______, sosteniéndole la cabeza, y la otra siguió asiéndole con firmeza la cintura, mientras sus labios volvían a atormentarla con besos ardientes a la vez que bruscos. La joven estaba llena de temor, pero al mismo tiempo se sentía tan excitada, tan sedienta de más, que se dejó llevar, abandonándose.

Mientras que ella, joven e inocente, había perdido el control por completo, Justin no lo había perdido ni un instante, y eso precisamente era lo que él quería hacerle ver, que no estaba preparada para una relación, y mucho menos con un hombre experimentado. Minutos después del tempestuoso intercambio, Justin despegó sus labios de los de ella y se apartó para mirarla.

-¿Comienzas a ver lo peligroso que es? -le preguntó en un tono deliberadamente suave a la vez que algo amenazador-. Podría tomarte ahora mismo si quisiera, porque tienes demasiada curiosidad como para negarte a mi deseo. Y yo, ______, soy humano, no un santo.

-Pero tú... ¿no... no sientes nada por mí? -balbució ella.

Él apretó los puños y una de las comisuras de sus labios se torció hacia arriba en una mueca cruel.

-Siento deseo por ti, como lo sentiría por cualquier otra mujer que se muestre tan dispuesta. Eso es todo.

Aquella brusca revelación aplastó el orgullo de ______.

-Oh. Oh, ya... ya veo.


-Eso espero, porque últimamente estabas siendo demasiado obvia, ______. Vas a nuestro rancho día sí y día no con la excusa de ver a Sandy, te arreglas los días que vengo a la tienda... Entiéndeme, es halagador, pero no quiero tus atenciones de adolescente, ni ese incomprensible encaprichamiento que te ha dado conmigo. Siento ser tan poco delicado, pero así es como están las cosas.

______ se puso roja como la grana, y dio un paso atrás, rodeándose incómoda la cintura con los brazos. Se sentía destrozada.

La mandíbula de Justin se contrajo al ver la expresión dolida de ella, pero no se retractó.

-No te lo tomes tan a pecho -le dijo-. Pronto comprenderás que es mejor conformarse con lo que la vida nos ofrece que aspirar a imposibles. A partir de ahora mandaré a Billy por los pedidos. Y tú, encontrarás alguna excusa para no venir al rancho a ver a Sandy, ¿verdad que lo harás?

La pobre ______ asintió con la cabeza en silencio, y subió las escaleras del almacén conteniendo a duras penas las lágrimas. Justin la siguió, y cuando fue a salir de la tienda, se detuvo un momento, girándose para mirarla una última vez. Sus facciones estaban contraídas en lo que a ______ le pareció un gesto de arrepentimiento, y por un instante creyó que iba a volver a entrar para decirle que lo perdonara, que no había querido decir aquello, pero él se caló el sombrero y se marchó.

A partir de ese día, tal y como había dicho, Justin envió a su capataz para comprar lo que necesitaban, y no volvió a poner el pie en la tienda. ______ lo veía de modo ocasional por la calle, algo imposible de evitar en una ciudad tan pequeña como Jacobsville.

En una ocasión fueron a almorzar a la misma cafetería, pero ______ se levantó, dejando la comida a medio acabar, y salió por la puerta trasera mientras el maître sentaba a Justin y al hombre que lo acompañaba. Esa misma tarde, al levantar la vista de un escaparate y girarse, se encontró con que él estaba observándola desde el otro lado de la calle, con expresión confundida, pero en cuanto advirtió que ella lo había visto, continuó caminando y desapareció tras una esquina.

Otro día, para su sorpresa, Sandy la invitó a visitarla en el rancho. ______ aceptó la invitación, pero no sin antes asegurarse de que Justin no iba a estar allí. A su amiga la extrañó esa insistencia, pero por más que le preguntó al respecto, no logró sonsacar nada a ______.

Y aquella no sería la única sorpresa. Unos días después, durante un acto social, Justin llegó a abordarla. Era el vigésimo segundo cumpleaños de Sandy, y ésta le había pedido que fuera con ella a un baile para el que tenía invitación, pero no pareja con la que ir. Sandy sólo le ocultó un pequeño detalle: no mencionó que su hermano iba a asistir. Y así, en medio de una pieza en la que se iba cambiando de pareja, ______ se encontró de pronto cara a cara con un furibundo Justin. Sin embargo, para estupefacción del ranchero y los demás asistentes, ______ se apartó de él, se giró sobre los talones y se marchó.
Tras ese incidente los rumores corrieron como la pólvora por toda la ciudad. Era la primera vez que una mujer rechazaba públicamente a Justin Bieber. ______ se juró no volver a ir a ningún acto público; Sandy se sintió fatal y se prometió no volver a hacer de Celestina; y Justin estuvo de un humor de perros durante varios días.

Sin embargo, había un evento al que ______ no había previsto que tendría que asistir; un evento en el que estaría Justin.

El padre de ______ pertenecía a un club de tiro, a cuyas reuniones siempre trataba de arrastrar a ______ «para que encontrara marido», y del que Justin era presidente. ______ se había negado en redondo a acudir a las últimas reuniones desde el día que el ranchero le diera el ultimátum en la tienda, pero cuando llegó el decimoquinto aniversario del club, tuvo que terminar accediendo ante la insistencia de su padre: «va a ser una gran fiesta, cariño, y tú hace tanto que no sales a divertirte...»

La mirada colérica con que la obsequió Justin al verla entrar en el club del brazo de su padre fue aún peor de lo que había esperado. Se había puesto un vestido violeta de lentejuelas, de tirantes finos y escote en uve, con unos zapatos de tacón a juego. Estaba realmente espectacular, y así se lo hicieron saber varios de los caballeros asistentes, que le hicieron numerosos cumplidos y la invitaron a bailar. Justin no bailaba con nadie, sino que se limitaba a andar de un lado a otro, con un whisky en la mano, hablando con otros hombres y mirando a ______ irritado.

Y entonces, de pronto, cuando hubo concluido la pieza que la orquesta estaba tocando, Justin se acercó a ______ y, sin pedirle permiso a ella ni al joven con el que estaba bailando, la tomó de la mano y la atrajo hacia sí. Las notas de una nueva melodía inundaron la sala, y Justin la arrastró consigo, haciéndola girar por la pista de baile, mientras ______ tenía la impresión de que el corazón quisiera salírsele del pecho. Por la mirada punzante de sus ojos entornados, a ______ no le resultó difícil imaginar que no se trataba precisamente de un baile de compromiso. Cuando se estaba acabando la pieza y las luces se atenuaron para dar paso a la siguiente, una melodía romántica, Justin aprovechó para conducir a ______ hasta la puerta lateral y llevarla fuera, al pórtico que daba paso a los jardines, en medio de la penumbra de la noche. Una vez allí, lejos de las miradas de los curiosos, prácticamente la acorraló contra la pared.

-¿Qué crees que estás haciendo? -le espetó sin alzar la voz, pero en tono áspero-. ¿Por qué has venido? -sus ojos azules relampagueaban.

-No por ti, te lo aseguro -se apresuró a contestar ella.

-¿Ah, no? -la desafió él-. Me deseas. Tus ojos me lo dicen cada vez que me miran. Puedes apartarte de mi camino o negarte a saludarme en la calle, pero te estás engañando a ti misma si crees que no puedo leer en ti como en un libro abierto.

Los ojos de la joven lo observaron de hito en hito, debatiéndose entre la irritación y la incredulidad.

-Eres el hombre más presuntuoso que he conocido, Justin Bieber.

-No es presunción -masculló él pegándose a ella.


Antes de que ______ pudiera reaccionar, la había tomado por la nuca, haciéndole echar la cabeza hacia atrás, mientras que se inclinaba hacia ella para tomar sus labios.

divendres, 8 de novembre del 2013

E α нι∂∂єи нιтσяy [נusтιη&тú] Capitulo 5

·C A P I T U L O   C I N C O ·


______ y Sandy se habían conocido al entrar en la facultad de Ciencias Empresariales, pero no fue hasta el cuarto y último año de carrera cuando conoció a Justin. Ella tenía entonces veintiún años, y él treinta y siete. Fue un día que Sandy la había invitado a su casa en el rancho Bieber para repasar juntas unos apuntes. Justin había entrado en el salón para preguntarle si lo habían telefoneado en su ausencia, y Sandy los había presentado. Justin la había mirado largamente de arriba abajo, y algo en ella debió resultarle ofensivo, porque tras la presentación se marchó como alma que lleva el diablo, y desde ese día, cada vez que ______ fue al rancho, invitada por su amiga, Justin nunca estaba allí o se marchaba justo cuando ella llegaba.

Sin embargo, Jacobsville era una ciudad pequeña, y era imposible que no se encontraran. Una tarde, ______ estaba en la tienda de piensos, grano, y útiles de ganadería de su padre, ayudándolo a despachar, cuando Justin había entrado con el nuevo capataz de su rancho para abrir una cuenta.

Hasta entonces siempre había ido a comprar a otro establecimiento cercano que les hacía la competencia, pero el dueño se mudaba a otra ciudad y había cerrado el negocio, así que Justin se había visto obligado a comprar al padre de ______. Desde ese día, comenzó a verlo con regularidad. Cada vez que Justin iba allí, se conducía de un modo amable con ella, seguramente porque era amiga de su hermana, pero siempre se cuidaba mucho de guardar las distancias.

______, que lo había encontrado fascinante desde el primer momento, no se sintió herida por su rechazo. ¿Por qué iba a fijarse en una chica que apenas había dejado atrás la adolescencia cuando se decía que lo perseguían las mujeres más hermosas de la ciudad?

Sin embargo, a pesar de lo que creía ______, Justin sí se había fijado en ella y, sin que se diera cuenta, sus ojos la seguían por toda el establecimiento cada vez que iba a comprar algo, aunque seguía mostrándose distante y meramente cortés.

A medida que pasaba el tiempo, ______ iba sabiendo más acerca de Justin por su hermana Sandy, y poco a poco fue enamorándose de él. Justin fingía no advertir su interés, pero cada vez le resultaba más difícil hacerlo por lo obvio que resultaba para cualquiera que los viera, ya que, cada vez que iba a la tienda, la joven se trababa al hablar y se le caían las cosas continuamente.

Además, el contacto físico era inevitable, cuando ella le entregaba alguna mercancía, o él le daba una hoja de pedido, y al tocarse sus manos era como si se produjera electricidad. En una ocasión, ______ había salido de detrás del mostrador para mostrarle un nuevo tipo de grano que les había llegado, y de pronta alzar el rostro, sus ojos se encontraron. Estaban cerca que podía oler su colonia, y la intensidad de., mirada hizo que le temblaran las rodillas.

Justin había bajado la vista hacia los labios entreabiertos de ella, y los latidos del corazón de la joven habían disparado. ______ era muy inocente por aquel entonces, pero reconoció al instante que era deseo lo que impregnaba las facciones de Justin. Era la primera vez que lo veía mirarla de verdad, como a una mujer
La entrada de su padre en ese momento rompí hechizo, haciendo que la expresión de Justin se tomó en una de irritación y desprecio por sí mismo, y, pronunciar palabra, había abandonado la tienda.

______ se hizo ilusiones a raíz de aquella mirada que habían compartido, y parecía que Justin se hubiera visto atrapado también por ella, porque a partir de entonces sus visitas a la tienda se hicieron más frecuentes
La joven observó que solía ir los miércoles y viernes, así que empezó a arreglarse esos días, dejando a un lado los pantalones vaqueros, las zapatillas deporte, y las sudaderas, por vestidos entallados, faldas, blusas, zapatos de tacón, y una dosis discreta pe bien aplicada de maquillaje. Su esbelta figura se veía favorecida por esos cambios, y a Justin le era ya casi posible disimular su interés por ella. La devoraba con la mirada, y la tensión fue en aumento hasta que día la situación alcanzó un punto crítico.

Habían pasado al almacén, en busca de un tipo bocado especial para caballos que Justin le había pedido, ______ había estado a punto de golpearse la cabeza con unos azadones que tenían colgados del techo.
Cuidado murmuró Justin agarrándola de la cintura para apartarla.

Con aquel inesperado movimiento, la joven quedó delante de él, casi pegada a su cuerpo, pero ninguno de los dos hizo ademán de separarse del otro.

Gracias -musitó ______ con una risa nerviosa Soy tan despistada... Mi padre siempre lo dice, que nunca miro por dónde voy...

Sin embargo la risa se cortó en su garganta al ver la intensa expresión en el rostro de Justin, y al sentir cómo su tórax subía y bajaba, rozando su pecho, con la respiración tan entrecortada como la suya.

Y en ese momento, de pronto, él inclinó la cabeza y tomó sus labios en un beso muy distinto a los que ______ había recibido hasta entonces. Al principio se tensó un poco, y él levantó la cabeza un instante para mirarla, pero volvió a besarla, y esa vez, al despegar sus labios de los de ella, ______ se quedó de puntillas, con la barbilla levantada, y los ojos cerrados, como ofreciéndose a él. Cuando los abrió, Justin estaba observándola fijamente, estudiándola.

-¿Te das cuenta de que tengo dieciséis años más que tú, ______? -murmuró contra sus labios con voz ronca.

-No me importa... -respondió ella sin aliento.

Justin la miró con dureza.

-Esto no nos llevará a ninguna parte -le dijo-. Tu estás cegada por algo que no es más que un enamoramiento juvenil, y yo no pienso prestarme para satisfacer tu curiosidad. Hace mucho que pasé esa edad en la que uno se conforma con tomar a una chica de la mano e intercambiar ingenuas caricias con ella.


______ no alcanzaba a comprender lo que le estaba diciendo, ansiosa como estaba por volver a sentir sus labios sobre los de ella, con todo el cuerpo latiéndole por esas nuevas e intensas emociones.

α нι∂∂єи нιтσяy [נusтιη&тú] CAPITULO 4

     ·C A P I T U L O   C U A T R O·



-Estaba a punto de hacer café -le dijo su hermana, lanzándole una mirada de advertencia para que no fustigase a ______-. ¿Quieres una taza?

-Sí, por favor.

-______, ¿quieres que prepare algo para almorzar? -se ofreció su amiga.

-La verdad es que no hay demasiado en la nevera, ni en la alacena -respondió la otra joven.

-Tranquila, veré qué puedo hacer -sonrió Sandy y se fue a la cocina, mordiéndose
la lengua para no mencionar la poca consideración de los vecinos. No quería incomodar a ______.

Era tradición en las zonas rurales llevar comida preparada a quienes habían tenido un fallecimiento en la familia, y la de Jacobsville era una comunidad muy unida.

Justin, sin embargo, no era tan considerado como su hermana y, en cuanto ésta hubo desaparecido, puso el dedo en la llaga:

-¿Cómo es que nadie te ha traído comida? -le preguntó con aspereza a la joven viuda, esbozando una sonrisa cruel mientras tomaba asiento frente a ella-. ¿Es que los vecinos también creen que mataste a tu marido?

______ sintió náuseas en la boca del estómago, pero tragó saliva y alzó sus ojos azules hacia él.

-Nunca tuvimos una relación estrecha con ningún vecino. Barry decía que si les dábamos confianza acabaríamos teniéndolos en la casa todo el tiempo. Nunca le gustó la gente.

-Y a ti nunca te gustó él -masculló Justin con puro veneno en la voz-. Me lo contó todo sobre ti, ______, todo.
La joven no tenía que preguntarle para imaginar qué clase de mentiras le habría contado, como que era frígida y lo había rechazado desde que se habían casado. Cerró los ojos y se frotó la frente, donde se estaba formando el principio de un dolor de cabeza.

-¿No tienes un negocio que atender? -le espetó-, ¿varios, de hecho?

Justin cruzó una pierna sobre la otra.

-Mi primo ha muerto, y he venido a su entierro.

-Pues el entierro ya ha terminado -le respondió ella cortante.

-Y supongo que ya debes estar imaginándote con los millones de Barry en tu bolsillo. Pues yo que tú no contaría aún las ganancias: todavía no se ha leído el testamento. Tina ya viene hacia aquí.

-Espoleada por ti, sin duda- Justin enarcó las cejas.

-No necesita que nadie la espolee.

______ se puso de pie. El dolor y el tormento de aquellos dos años la estaban corroyendo por dentro como el ácido.

-Yo no maté a Barry. Justin también se levantó.

-Dejaste que se subiera a un coche y que condujera cuando había bebido. Sí, ______ -añadió asintiendo con la cabeza ante la mirada de estupefacción de la joven-, las noticias se extienden como la pólvora en las pequeñas localidades como Jacobsville. Sandy y yo hemos vuelto a instalarnos en el rancho, y la gente dice que en la fiesta de los Ballenger, anteayer, Barry te pidió que lo llevases a casa, y tú te negaste, así que se marchó solo y salió disparado por el borde de un puente.

De modo que así era cómo las malas lenguas habían tergiversado los hechos... ______ se quedó mirando a Justin, pero no dijo nada. Sandy no le había dicho que habían vuelto a Jacobsville para quedarse. ¿Cómo iba a soportar tener que vivir en la misma ciudad que Justin?

-¿No te defiendes? -la retó burlón-. ¿No vas a buscar ninguna excusa?

-¿De qué serviría? -le contestó ella cansada-. Tú ya me has condenado, igual que los demás.

Justin caminó por el salón, deteniéndose junto a una estantería, y se giró hacia ella.

-Barry me escribió hace un par de semanas -le dijo de repente-. En su carta decía que había cambiado el testamento, y que me mencionaba en él. ¿No lo sabías?

No, ______ no lo sabía, lo único que Barry le había dicho era que lo había cambiado, pero desconocía su contenido.

-Imagino que también mencionará a Tina -continuó Justin, acercándose a ella y mirándola fijamente.

Había una sonrisa tan engreída en sus labios, que las manos de la joven se cerraron, clavándose las uñas en las palmas para contener la ira que se estaba apoderando de ella. Estaba harta, harta del incesante aguijoneo de Justin. ¿Por qué tenía que soportarlo después del infierno por el que había pasado?

-Márchate, por favor -le rogó desesperada .Márchate...

Justin se había detenido apenas un metro frente a ella, y ______ no estaba segura de poder contener mucho más tiempo las lágrimas que se estaban agolpando en sus ojos. Bajando el rostro para que no pudiera ver la angustia en él, trató de pasar por su lado para huir escaleras arriba, pero tropezó con el borde de la alfombra, y estuvo a punto de caer de bruces al suelo cuando Justin, en un acto reflejo, dio un paso adelante y la sostuvo, quedando la joven atrapada en un inesperado abrazo.

Años atrás le habría parecido un sueño encontrarse entre los fuertes brazos de Justin Bieber, pero después de su matrimonio con un hombre que la había maltratado, aquel contacto provocó miedo en ______.

-¡Déjame!, ¡suéltame...! -gimió zafándose y echándose atrás. Se dejó caer sobre el sofá y rompió en amargos sollozos, ocultando el rostro entre las manos.

Justin, que no se había esperado esa reacción, se quedó mirándola estupefacto, sintiéndose mal por haberla puesto en ese estado, pero se dijo que si lloraba era porque se sabía culpable.

De mala gana se sacó un pañuelo del bolsillo y lo puso en las manos de la joven.

-Sécate esas lágrimas de cocodrilo -le ordenó malhumorado.

Justo en ese momento regresaba Sandy, con una bandeja cargada con un plato de sándwiches, café, y algo de fruta pelada y cortada.

Al ver el rostro lloroso de ______ y sus ojos enrojecidos, lanzó una mirada fulminante a su hermano, pero éste no se dio por aludido.

-Vamos, ___*, come un poco, te vendrá bien - le dijo a su amiga mientras depositaba la bandeja sobre la mesita baja entre los sofás enfrentados.

Justin volvió a sentarse, observando cómo Sandy servía el café y le daba una taza a su amiga.

-Tina me ha dicho durante el entierro que está alojada en un motel -comentó, sin dar tregua a ______-. ¿No hay sitio para ella en la casa de su propio hijo?

La joven, que había recobrado la compostura, lo miró brevemente antes de responder con aspereza:

-Le ofrecí que se viniese aquí estos dos días, hasta que regresara a Houston, pero se negó.

Justin bajó la vista a la taza de café que su hermana le estaba pasando en ese momento.

-Cuando todo esto haya acabado, deberías marcharte un par de semanas a un lugar tranquilo -le dijo Sandy a ______-, a la costa, por ejemplo. Ahora es temporada baja y no habrá nadie.

-Sí, ¿por qué no? -intervino de nuevo Justin, en el mismo tono sarcástico-, cuando hayas cobrado el dinero podrás permitírtelo. Podrás irte a Montecarlo, o a Las Bahamas, o...

-¡Ya basta! -gritó ______ fuera de sí, los ojos como platos en su rostro pálido-. ¡ Deja de atormentarme !

-¡Justin, por favor! -intercedió Sandy por ella.

El ruido de un coche deteniéndose frente a la casa atrajo la atención de Justin, que se levantó y fue a abrir la puerta.

-No lo soporto más, no lo soporto... -balbució______, dejando con manos temblorosas la taza sobre la mesita—. ¿Por qué me hace esto?, ¿por qué...?

Sandy peinó el corto cabello castaño de su amiga con los dedos.


—Creo que es por algo que Barry le contó —mur¬muró contrayendo el rostro y meneando la cabeza—, pero no sé qué pudo ser. Antes, en el cementerio, me dijo que durante estos dos años había visto a Barry a menudo, y que él le había contado cosas acerca de ti.

α нι∂∂єи нιтσяy [נusтιη&тú] CAPITULO 3

                                                                         ·C A P I T U L O    T R E S·


-Del alivio que siento -respondió ______ en un susurro apenas audible, como temerosa de que el coche tuviera oídos-. ¡Se ha acabado!, ¡al fin se ha acabado! Y no me importa que la gente crea que yo lo maté -concluyó estremeciéndose.

A Sandy le picaba la curiosidad, pero no quiso presionarla. ______ se lo contaría algún día, cuando se sintiese preparada para hacerlo. Durante aquellos dos años apenas había tenido contacto con ella, ya que ______ siempre le decía que no podía recibirla, que a Barry lo ponían de mal humor las visitas, pero Sandy siempre le había quitado importancia, diciéndose que se debería a que era exageradamente posesivo, que no quería que su esposa prestara atención a otras personas.

-Bueno, ahora podremos quedar de vez en cuando sin tener que hacerlo a escondidas -le dijo Sandy.
______ alzó los ojos preocupada hacia los de su amiga.

-¿No le habrás contado a Justin que teníamos que vemos así?

-No, nunca se lo conté -fue la contestación de Sandy-. De hecho... -murmuró vacilante-, de hecho me cortaba cada vez que intentaba hablarle de ti.

Los delgados hombros de ______ se relajaron, y giró el rostro hacia la ventanilla.

-Ya veo.

-¿Qué es lo que ves? -masculló Sandy irritada ante esa resignación-. Yo... ¡no es justo lo que está haciendo contigo! No lo comprendo, ______, no entiendo por qué se comporta así. Su actitud hoy durante el entierro me ha avergonzado.

-Apreciaba a Barry -contestó la viuda sin mirarla.

Barry había tenido engañado a todo el mundo, así que, ¿por qué iba a haber sido el hermano de Sandy una excepción? No, Justin no tenía ni idea de lo que su primo la había hecho pasar.

El vehículo se había detenido, y el chofer les abrió la puerta.

-Gracias, Henry -murmuró ______, tomando la mano que le ofrecía para ayudarla a bajar.

Henry pasaba ya de los cincuenta, y era un militar retirado, fornido y de corto cabello canoso, que llevaba años trabajando para Barry. Nadie lo sabía, pero le debía su vida a aquel hombre.

-No hay de qué, señora Tarleton -respondió el chofer suavemente.

Sandy entró en la casa con ______, observando extrañada que no saliera a recibirlas criada alguna, ni cocinera, ni mayordomo... lo cual era en verdad bastante raro, dado que la vivienda tenía un total de ocho habitaciones, casi el mismo número de cuartos de baños, y que Barry había ganado una fortuna con sus negocios.

-Barry despidió a todo el servicio al poco de casarnos -le dijo ______ al advertir su asombro-, a todos excepto a Henry -añadió mientras se quitaba el sombrero y lo dejaba sobre una mesita-. No le gustaba que la gente lo viera conducir su propio coche.

Se quitó también la chaqueta y, al hacerlo, una de las mangas del vestido se le levantó un poco, dejando por un instante al descubierto la marca de un cardenal en el antebrazo. Casi había desaparecido, observó mentalmente Sandy, que recordaba lo amoratado que lo había tenido el día que se lo hizo; de los cardenales del rostro ya no quedaba ni huella.

De aquello hacía algo más de una semana. Se había presentado en Javcobsville sin avisar para darle una sorpresa a ______, pero al llegar a la casa nadie había contestado al timbre. Extrañada, fue a preguntarle a la vecina si sabía si el señor y la señora Tarleton habían salido. La mujer le dijo que estaban en el hospital, que parecía ser que ella había tenido un accidente.

Sandy se había ido corriendo al hospital, pero al llegar allí, comprobó para su alivio, aunque la encontró llena de moraduras y con un esguince en el tobillo, que no había sido nada grave. Barry le explicó que ______ había estado practicando ala delta, y que había tenido una caída un tanto aparatosa. Sandy sabía que su amiga era aficionada a ese deporte desde sus días de universidad, pero sus compañeros siempre habían dicho que era una verdadera maestra, así que parecía extraño que se hubiera descuidado de ese modo. «Es que se levantaron unas rachas de viento muy fuertes de repente, y no tuvo tiempo de reaccionar», le explicó Barry cuando ella hizo ese comentario, « ¿No es verdad, cariño?», había dicho volviéndose a ______. Y ella había asentido.

-Siéntate, haré un poco de café -le dijo su amiga, sacándola de sus pensamientos.

-Oh, no, ni hablar, lo haré yo -se apresuró a replicar Sandy-. Eres tú quien necesitas que se ocupen de ti. ¿Has podido dormir algo esta noche?

______ meneó la cabeza.

-No dejo de tener pesadillas -le confesó frotándose la frente mientras tomaba asiento en uno de los sofás del salón.

-¿Y esas pastillas que te dio el médico para dormir?

-Me da miedo empezar a tomarlas y no poder pasar sin ellas.

-Tonterías, no te ocurrirá nada por tomar una o dos. Además...


Pero Sandy no terminó la frase porque en ese momento se abrió y se cerró la puerta principal. Sólo una persona se consideraba con la libertad de entrar sin llamar al timbre. Oyeron pasos acercarse desde el vestíbulo, y al cabo apareció Justin, aflojándose la corbata. No llevaba su sombrero vaquero, y con aquel traje oscuro tan elegante no parecía el mismo.

HERMOSOS DESASTRES Capitulo #1 quinta parte

Capitulo #1 quinta parte

Me puse de pie y me despedí de América, pasando a Justin para bajar las escaleras. Me detuve en el estacionamiento, mirando con horror como él se montó en una motocicleta de color negro. 
—Uh… —No supe que decir, arrugando los dedos de mis pies expuestos. 
Me lanzó una mirada impaciente. —Oh, sube. Iré lento. 
— ¿Qué es eso? —pregunté, leyendo la escritura en el tanque de gas demasiado tarde. 
—Es una Harley Night Rod. Ella es el amor de mi vida, así que no rayes la pintura cuando te subas.
— ¡Estoy usando sandalias! 
Justin se me quedó mirando como si hubiera hablado en un idioma extranjero. —Y yo llevo botas. Sube. 
Se puso sus gafas de sol y el motor rugió cuando lo trajo a la vida. Me subí y busqué algo a que agarrarme, pero mis dedos se deslizaron del cuero a la cubierta de plástico de la luz trasera. 
Justin me agarró de las muñecas y las envolvió en torno a su cintura. —No hay nada de que aferrarte excepto de mí, Pidge. No me sueltes. —dijo, empujando la moto hacia atrás con los pies. Con un movimiento de su muñeca, salió a la calle, y se dirigió como un cohete. Los mechones de mi cabello que colgaban golpeaban contra mi cara, y me escondí detrás de Justin, sabiendo que terminaría con bichos en mis gafas si miraba por encima de su hombro. 
Él aceleró el acelerador cuando nos detuvimos en la entrada del restaurante, y una vez que estacionó, no perdí tiempo para volver a la seguridad del concreto. 
— ¡Eres un loco! 
Justin se echó a reír, apoyando su motocicleta sobre el pie de apoyo antes de bajar. —Conduje al límite de velocidad. 
— ¡Sí, si estuviéramos en la autopista! —dije, soltándome el moño para desenredar mi cabello con los dedos. 
Justin me vio retirar el pelo de mi rostro y luego se dirigió a la puerta, manteniéndola abierta. —No dejaría que nada te pasara, Pigeon. 
Pasé junto a él para entrar al restaurante, mi cabeza aún no estaba en sintonía con mis pies. El aroma a grasa y condimentos llenaban el aire mientras lo seguía a través de la roja alfombra. Eligió una mesa en la esquina, lejos de los grupos de estudiantes y familias, y pidió dos cervezas. Escaneé la habitación, mirando a los padres persuadir a los niños a comer, y mirando a otro lado ante las miradas curiosas de los estudiantes de Eastern. 
—Claro, Justin —dijo la camarera, escribiendo nuestras bebidas. Ella parecía un poco drogada ante su presencia mientras regresaba a la cocina.
Acomodé mi cabello detrás de mis orejas, de repente avergonzada por mi apariencia. — ¿Vienes aquí a menudo? —Pregunté mordazmente. 
Justin se inclinó sobre la mesa con los codos, sus ojos color marrón fijos en los míos. —Así qué, ¿cuál es tu historia, Pidge? ¿Eres una odia-hombres en general o sólo me odias a mí? 
—Creo que sólo a ti —me quejé. 
Se echó a reír una vez más, divertido por mi estado de ánimo. —No puedo comprenderte. Tú eres la única chica que ha estado disgustada conmigo antes del sexo. No te pones nerviosa cuando hablas conmigo y no tratas de llamar mi atención. 
—No es un truco. Simplemente no me caes bien.
—No estarías aquí si no te gustara. 
Mi ceño involuntariamente se suavizó y suspiré. —No digo que eres una mala persona. Simplemente no me gusta ser un objetivo por el sólo hecho de tener una vagina. —Me concentré en los granos de sal en la mesa hasta que oí un sonido ahogado de la dirección de Justin. 
Sus ojos se agrandaron y se estremecía de la risa. — ¡Oh, Dios mío! ¡Me estás matando! Eso es. Hemos de ser amigos. No voy a aceptar un no por respuesta. 
—No me importa ser amigos, pero eso no quiere decir que tratarás de meterte en mis bragas cada cinco segundos. 
—No dormirás conmigo. Lo entiendo. 
Traté de no sonreír, pero fallé. 
Sus ojos se iluminaron. —Te doy mi palabra. Ni siquiera pensaré en tus bragas… a menos que quieras que lo haga. 
Apoyé los codos sobre la mesa y me incliné en ellos. 
—Y eso no sucederá, por lo que podemos ser amigos. 
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras él se inclinaba un poco más cerca. —Nunca digas nunca. 
—Entonces, ¿cuál es tu historia? —Le pregunté—. ¿Siempre has sido Justin “Mad Dog” Bieber o sólo desde que llegaste aquí? —Utilicé dos dedos en cada mano como comillas cuando dije su apodo, y por primera vez su confianza se desvaneció. Él parecía un poco avergonzado. 
—No. Adam comenzó eso después de mi primera pelea. 
Sus respuestas cortas estaban comenzando a fastidiarme. — ¿Eso es todo? ¿No me dirás nada acerca de ti mismo? 
— ¿Qué quieres saber? 
—Las cosas normales. De dónde eres, lo que quieres ser cuando seas grande… cosas así. 
—Soy de aquí, nací y crecí, y estoy matriculándome en justicia criminal. 
Con un suspiro, desenrolló sus cubiertos y los enderezó junto a su plato. Él miró sobre su hombro, y noté su mandíbula tensarse un poco por los que nos rodeaban. Dos mesas ocupadas por el equipo de fútbol soccer de Eastern estalló en carcajadas, y Justin parecía estar molesto por lo que se reían.

HERMOSOS DESASTRES Capitulo#1 cuarta parte

Capitulo#1 cuarta parte

Doblé la esquina para ver a América junto a Finch fuera de mi dormitorio. Nosotros tres terminamos en la misma mesa en clase de orientación para primer año, y supe que él sería la tercera rueda a nuestra bien engrasada máquina. Él no era excesivamente alto, pero aun así mucho más que mi metro con sesenta y cuatro centímetros. Sus ojos redondos compensaban sus rasgos delgados y finos, y su pelo teñido por lo general era estilizado por la parte delantera. 
— ¿Justin Bieber? Jesús, ____, ¿Desde cuándo comenzaste a pescar en la parte profunda? —dijo Finch, con desaprobación en sus ojos. 
América sacó el chicle de su boca en una larga cuerda. —Sólo lo estás empeorando por ignorarlo. Él no está acostumbrado a eso. 
— ¿Qué sugieres que haga? ¿Dormir con él? 
América se encogió de hombros. —Te ahorrará tiempo. 
—Le dije que iría esta noche. 
Finch y América intercambiaron miradas. 
— ¿Qué? Él prometió dejarme de molestar si decía que sí. Tú irás esta noche, ¿verdad? 
—Bueno, sí —dijo América—. ¿En verdad vendrás? 
Sonreí y pasé junto a ellos hacia el dormitorio, preguntándome si Justin podría cumplir su promesa de no coquetear. Él no era difícil de descifrar; o él me veía como un reto, o lo suficientemente un atractiva para ser una buena amiga. No estaba segura cuál me molestaba más.
Cuatro horas después, América llamó a mi puerta para ir a casa de Shepley y Justin. Ella no se contuvo cuando salí al pasillo. 
— ¡Qué asco, ____! ¡Pareces una vagabunda! 
—Bien —dije, sonriendo a mi atuendo. Mi cabello estaba recogido encima de mi cabeza en un moño desordenado. Me había lavado el maquillaje de la cara y sustituí mis lentes de contacto por mis gafas con montura negra. Luciendo una andrajosa camiseta y pantalones de chándal, terminando con un par de chanclas. La idea se me había ocurrido horas antes, no ser atractiva era el mejor plan. Obviamente, Travis estaría desanimado inmediatamente y detendría su ridícula persistencia. Si él estaba en busca de un amigo, entonces sería muy poca cosa para ser vista a su lado. 
América bajó la ventanilla y escupió su goma de mascar. 
—Eres tan obvia. ¿Por qué no rodaste en mierda de perro para completar tu atuendo? 
—No estoy tratando de impresionar a nadie —le dije. 
—Obviamente. 
Nos detuvimos en el estacionamiento del apartamento de Shepley y yo seguí a América a las escaleras. Shepley abrió la puerta, riendo cuando entré. — ¿Qué te pasó a ti? 
—Está tratando de no impresionar —dijo América. 
América siguió a Shepley a su habitación. La puerta se cerró y me quedé sola, sintiéndome fuera de lugar. Me senté en el sillón cercano a la puerta y me quité mis sandalias. 
Su apartamento era más agradable que el típico apartamento de soltero. Los posters predecibles de mujeres medio desnudas y señales de tránsito estaban en las paredes, pero aparte de eso estaba limpio, los muebles eran nuevos y el olor a ropa sucia y de cerveza no estaba presente. 
—Ya era hora de que llegaras —dijo Justin, colapsando en el sofá. 
Sonreí y empujé las gafas sobre el puente de mi nariz, esperando a que él prestara atención a mi apariencia. —América tenía un ensayo que terminar. 
—Hablando de ensayos, ¿Ya has comenzado el de historia? 
Él ni siquiera se inmutó por mi cabello desordenado y fruncí el ceño ante su reacción. — ¿Tú? 
—Lo terminé esta tarde. 
—Pero no se entregará hasta el próximo miércoles. —le dije, sorprendida. 
—Sólo para borrarlo de la lista. ¿Qué tan difícil puede ser un ensayo de dos páginas sobre Grant? 
—Me imagino que soy floja, entonces —me encogí de hombros—. Es probable que lo comience hasta este fin de semana. 
—Bueno, si necesitas ayuda, házmelo saber. 
Esperé a que se riera, o mostrara algún signo de que estaba bromeando, pero su expresión era sincera. Levanté una ceja. —Tú me vas a ayudar con mi ensayo. 
—Tengo una A en esa clase —dijo un poco molesto ante mi incredulidad. 
—Él tiene A en todas sus clases. Él es un jodido genio. Lo odio —dijo Shepley mientras entraba en la habitación de la mano de América. 
Vi a Justin con una expresión dudosa y sus cejas se levantaron. — ¿Qué? ¿No crees que un hombre cubierto de tatuajes y que intercambie golpes para ganarse la vida no pueda obtener buenas calificaciones? No estoy en la escuela porque no tenga nada mejor que hacer. 
— ¿Por qué tienes que luchar, entonces? ¿Por qué no aplicas para becas? —Le pregunté. 
—Ya lo hice. Se me concedió la mitad de mi matrícula. Pero hay libros, gastos, y tengo que obtener la otra mitad. Lo digo en serio, Pidge. Si necesitas ayuda con algo, sólo pregunta. 
—No necesito tu ayuda. Soy capaz de escribir un ensayo. —Quería dejarlo en eso. Debí haberlo dejado en eso, pero lo nuevo que había revelado roía mi curiosidad—. ¿No puedes buscar otra cosa que hacer para ganarte la vida? Algo menos, no sé, ¿sádico? 
Justin se encogió de hombros. —Es una manera fácil de ganar dinero. No puedo ganar lo mismo trabajando en el centro comercial. 
—Yo no diría que es fácil si tú estás recibiendo golpes en la cara. 
— ¿Qué? ¿Estás preocupada por mí? —Me hizo un guiño. Hice una mueca y él rió entre dientes—. No soy golpeado con tanta frecuencia. Si tratan de golpearme, me muevo. No es tan difícil. 
Me reí una vez más. —Actúas como si nadie más haya llegado a esa conclusión. 
—No es solamente lanzar un golpe, recibirlo y contraatacar. Eso no va a ganar una pelea. 
Puse los ojos en blanco. — ¿Quién eres tú… el Karate Kid? ¿Dónde aprendiste a luchar? 
Shepley y América se miraron y luego sus ojos se posaron en el suelo. No me tomó mucho tiempo para reconocer que había dicho algo malo. 
Justin no parecía afectado. —Tuve un padre con problemas alcohólicos y mal temperamento y cuatro hermanos mayores que portaban el gen de idiotez. 
—Oh. —Mis orejas ardían. 
—No te avergüences, Pidge. Papá dejó de beber, los hermanos maduraron. 
—No estoy avergonzada. —Jugueteé con las puntas sueltas de mi cabello y luego decidí soltarlo y arreglarlo en otro moño, tratando de ignorar el silencio incómodo. 
—Me gusta tu aspecto al natural. Las chicas no vienen aquí así. 
—Fui obligada a venir aquí. No se me ocurrió que debía impresionarte —le dije, enfadada de que mi plan hubiese fracasado. 
Sonrió con su sonrisa infantil, divertida, la cual incremento mi ira, esperando a que cubriera mi inquietud. No sabía cómo la mayoría de las chicas se sentían a su alrededor, pero había visto su comportamiento. Estaba experimentando un desorientado y nauseo sentimiento en lugar de un sentimiento cálido de colegiala, y entre más él intentaba hacerme reír, más inestable me sentía. 
—Ya estoy impresionado. Normalmente no tengo que rogar para que las chicas vengan a mi apartamento. 
—Estoy segura. —le dije, haciendo una mueca de disgusto. 
Él era tan seguro de sí mismo. No sólo estaba descaradamente consciente de su físico, él estaba acostumbrado a que las mujeres se le lanzaran por lo que él consideraba mi actitud fría como algo refrescante en lugar de un insulto. Tendría que cambiar de estrategia. 
América apuntó el control remoto al televisor y la encendió. —Hay una buena película esta noche. ¿Alguien quiere saber dónde está Baby Jane? 
Justin se puso de pie. —Estaba a punto de ir a cenar. ¿Tienes hambre, Pidge? 
—Ya comí —me encogí de hombros. 
—No, no lo has hecho —dijo América, antes de darse cuenta de su error—. Oh… es cierto, se me olvidaba que tú tomaste una ¿pizza? Antes de irnos.
Hice una mueca ante su miserable intento de arreglar su metida de pata, y luego esperé la reacción de Justin. 
Él cruzó la habitación y abrió la puerta. 
—Vamos. Tienes que tener hambre. 
— ¿A dónde vamos? 
—Dondequiera que tú desees. Podemos ir a una pizzería. 
Miré a mi ropa. —Realmente no estoy vestida. 
Él me observó por un momento y luego sonrió. —Te ves bien. Vamos, que estoy muriendo de hambre.