Capitulo
#1 quinta parte
Me puse de pie y me despedí de América, pasando a
Justin para bajar las escaleras. Me detuve en el estacionamiento, mirando con
horror como él se montó en una motocicleta de color negro.
—Uh… —No supe que decir, arrugando los dedos de mis
pies expuestos.
Me lanzó una mirada impaciente. —Oh, sube. Iré
lento.
— ¿Qué es eso? —pregunté, leyendo la escritura en
el tanque de gas demasiado tarde.
—Es una Harley Night Rod. Ella es el amor de mi
vida, así que no rayes la pintura cuando te subas.
— ¡Estoy usando sandalias!
Justin se me quedó mirando como si hubiera hablado
en un idioma extranjero. —Y yo llevo botas. Sube.
Se puso sus gafas de sol y el motor rugió cuando lo
trajo a la vida. Me subí y busqué algo a que agarrarme, pero mis dedos se
deslizaron del cuero a la cubierta de plástico de la luz trasera.
Justin me agarró de las muñecas y las envolvió en
torno a su cintura. —No hay nada de que aferrarte excepto de mí, Pidge. No me
sueltes. —dijo, empujando la moto hacia atrás con los pies. Con un movimiento
de su muñeca, salió a la calle, y se dirigió como un cohete. Los mechones de mi
cabello que colgaban golpeaban contra mi cara, y me escondí detrás de Justin,
sabiendo que terminaría con bichos en mis gafas si miraba por encima de su
hombro.
Él aceleró el acelerador cuando nos detuvimos en la
entrada del restaurante, y una vez que estacionó, no perdí tiempo para volver a
la seguridad del concreto.
— ¡Eres un loco!
Justin se echó a reír, apoyando su motocicleta
sobre el pie de apoyo antes de bajar. —Conduje al límite de velocidad.
— ¡Sí, si estuviéramos en la autopista! —dije,
soltándome el moño para desenredar mi cabello con los dedos.
Justin me vio retirar el pelo de mi rostro y luego
se dirigió a la puerta, manteniéndola abierta. —No dejaría que nada te pasara,
Pigeon.
Pasé junto a él para entrar al restaurante, mi
cabeza aún no estaba en sintonía con mis pies. El aroma a grasa y condimentos
llenaban el aire mientras lo seguía a través de la roja alfombra. Eligió una
mesa en la esquina, lejos de los grupos de estudiantes y familias, y pidió dos
cervezas. Escaneé la habitación, mirando a los padres persuadir a los niños a
comer, y mirando a otro lado ante las miradas curiosas de los estudiantes de
Eastern.
—Claro, Justin —dijo la camarera, escribiendo
nuestras bebidas. Ella parecía un poco drogada ante su presencia mientras
regresaba a la cocina.
Acomodé mi cabello detrás de mis orejas, de repente
avergonzada por mi apariencia. — ¿Vienes aquí a menudo? —Pregunté mordazmente.
Justin se inclinó sobre la mesa con los codos, sus
ojos color marrón fijos en los míos. —Así qué, ¿cuál es tu historia, Pidge?
¿Eres una odia-hombres en general o sólo me odias a mí?
—Creo que sólo a ti —me quejé.
Se echó a reír una vez más, divertido por mi estado
de ánimo. —No puedo comprenderte. Tú eres la única chica que ha estado
disgustada conmigo antes del sexo. No te pones nerviosa cuando hablas conmigo y
no tratas de llamar mi atención.
—No es un truco. Simplemente no me caes bien.
—No estarías aquí si no te gustara.
Mi ceño involuntariamente se suavizó y suspiré. —No
digo que eres una mala persona. Simplemente no me gusta ser un objetivo por el
sólo hecho de tener una vagina. —Me concentré en los granos de sal en la mesa
hasta que oí un sonido ahogado de la dirección de Justin.
Sus ojos se agrandaron y se estremecía de la risa.
— ¡Oh, Dios mío! ¡Me estás matando! Eso es. Hemos de ser amigos. No voy a
aceptar un no por respuesta.
—No me importa ser amigos, pero eso no quiere decir
que tratarás de meterte en mis bragas cada cinco segundos.
—No dormirás conmigo. Lo entiendo.
Traté de no sonreír, pero fallé.
Sus ojos se iluminaron. —Te doy mi palabra. Ni
siquiera pensaré en tus bragas… a menos que quieras que lo haga.
Apoyé los codos sobre la mesa y me incliné en ellos.
—Y eso no sucederá, por lo que podemos ser amigos.
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras
él se inclinaba un poco más cerca. —Nunca digas nunca.
—Entonces, ¿cuál es tu historia? —Le pregunté—.
¿Siempre has sido Justin “Mad Dog” Bieber o sólo desde que llegaste aquí?
—Utilicé dos dedos en cada mano como comillas cuando dije su apodo, y por
primera vez su confianza se desvaneció. Él parecía un poco avergonzado.
—No. Adam comenzó eso después de mi primera pelea.
Sus respuestas cortas estaban comenzando a
fastidiarme. — ¿Eso es todo? ¿No me dirás nada acerca de ti mismo?
— ¿Qué quieres saber?
—Las cosas normales. De dónde eres, lo que quieres
ser cuando seas grande… cosas así.
—Soy de aquí, nací y crecí, y estoy matriculándome
en justicia criminal.
Con un suspiro, desenrolló sus cubiertos y los
enderezó junto a su plato. Él miró sobre su hombro, y noté su mandíbula
tensarse un poco por los que nos rodeaban. Dos mesas ocupadas por el equipo de
fútbol soccer de Eastern estalló en carcajadas, y Justin parecía estar molesto
por lo que se reían.
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