divendres, 8 de novembre del 2013

HERMOSOS DESASTRES Capitulo #1 quinta parte

Capitulo #1 quinta parte

Me puse de pie y me despedí de América, pasando a Justin para bajar las escaleras. Me detuve en el estacionamiento, mirando con horror como él se montó en una motocicleta de color negro. 
—Uh… —No supe que decir, arrugando los dedos de mis pies expuestos. 
Me lanzó una mirada impaciente. —Oh, sube. Iré lento. 
— ¿Qué es eso? —pregunté, leyendo la escritura en el tanque de gas demasiado tarde. 
—Es una Harley Night Rod. Ella es el amor de mi vida, así que no rayes la pintura cuando te subas.
— ¡Estoy usando sandalias! 
Justin se me quedó mirando como si hubiera hablado en un idioma extranjero. —Y yo llevo botas. Sube. 
Se puso sus gafas de sol y el motor rugió cuando lo trajo a la vida. Me subí y busqué algo a que agarrarme, pero mis dedos se deslizaron del cuero a la cubierta de plástico de la luz trasera. 
Justin me agarró de las muñecas y las envolvió en torno a su cintura. —No hay nada de que aferrarte excepto de mí, Pidge. No me sueltes. —dijo, empujando la moto hacia atrás con los pies. Con un movimiento de su muñeca, salió a la calle, y se dirigió como un cohete. Los mechones de mi cabello que colgaban golpeaban contra mi cara, y me escondí detrás de Justin, sabiendo que terminaría con bichos en mis gafas si miraba por encima de su hombro. 
Él aceleró el acelerador cuando nos detuvimos en la entrada del restaurante, y una vez que estacionó, no perdí tiempo para volver a la seguridad del concreto. 
— ¡Eres un loco! 
Justin se echó a reír, apoyando su motocicleta sobre el pie de apoyo antes de bajar. —Conduje al límite de velocidad. 
— ¡Sí, si estuviéramos en la autopista! —dije, soltándome el moño para desenredar mi cabello con los dedos. 
Justin me vio retirar el pelo de mi rostro y luego se dirigió a la puerta, manteniéndola abierta. —No dejaría que nada te pasara, Pigeon. 
Pasé junto a él para entrar al restaurante, mi cabeza aún no estaba en sintonía con mis pies. El aroma a grasa y condimentos llenaban el aire mientras lo seguía a través de la roja alfombra. Eligió una mesa en la esquina, lejos de los grupos de estudiantes y familias, y pidió dos cervezas. Escaneé la habitación, mirando a los padres persuadir a los niños a comer, y mirando a otro lado ante las miradas curiosas de los estudiantes de Eastern. 
—Claro, Justin —dijo la camarera, escribiendo nuestras bebidas. Ella parecía un poco drogada ante su presencia mientras regresaba a la cocina.
Acomodé mi cabello detrás de mis orejas, de repente avergonzada por mi apariencia. — ¿Vienes aquí a menudo? —Pregunté mordazmente. 
Justin se inclinó sobre la mesa con los codos, sus ojos color marrón fijos en los míos. —Así qué, ¿cuál es tu historia, Pidge? ¿Eres una odia-hombres en general o sólo me odias a mí? 
—Creo que sólo a ti —me quejé. 
Se echó a reír una vez más, divertido por mi estado de ánimo. —No puedo comprenderte. Tú eres la única chica que ha estado disgustada conmigo antes del sexo. No te pones nerviosa cuando hablas conmigo y no tratas de llamar mi atención. 
—No es un truco. Simplemente no me caes bien.
—No estarías aquí si no te gustara. 
Mi ceño involuntariamente se suavizó y suspiré. —No digo que eres una mala persona. Simplemente no me gusta ser un objetivo por el sólo hecho de tener una vagina. —Me concentré en los granos de sal en la mesa hasta que oí un sonido ahogado de la dirección de Justin. 
Sus ojos se agrandaron y se estremecía de la risa. — ¡Oh, Dios mío! ¡Me estás matando! Eso es. Hemos de ser amigos. No voy a aceptar un no por respuesta. 
—No me importa ser amigos, pero eso no quiere decir que tratarás de meterte en mis bragas cada cinco segundos. 
—No dormirás conmigo. Lo entiendo. 
Traté de no sonreír, pero fallé. 
Sus ojos se iluminaron. —Te doy mi palabra. Ni siquiera pensaré en tus bragas… a menos que quieras que lo haga. 
Apoyé los codos sobre la mesa y me incliné en ellos. 
—Y eso no sucederá, por lo que podemos ser amigos. 
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras él se inclinaba un poco más cerca. —Nunca digas nunca. 
—Entonces, ¿cuál es tu historia? —Le pregunté—. ¿Siempre has sido Justin “Mad Dog” Bieber o sólo desde que llegaste aquí? —Utilicé dos dedos en cada mano como comillas cuando dije su apodo, y por primera vez su confianza se desvaneció. Él parecía un poco avergonzado. 
—No. Adam comenzó eso después de mi primera pelea. 
Sus respuestas cortas estaban comenzando a fastidiarme. — ¿Eso es todo? ¿No me dirás nada acerca de ti mismo? 
— ¿Qué quieres saber? 
—Las cosas normales. De dónde eres, lo que quieres ser cuando seas grande… cosas así. 
—Soy de aquí, nací y crecí, y estoy matriculándome en justicia criminal. 
Con un suspiro, desenrolló sus cubiertos y los enderezó junto a su plato. Él miró sobre su hombro, y noté su mandíbula tensarse un poco por los que nos rodeaban. Dos mesas ocupadas por el equipo de fútbol soccer de Eastern estalló en carcajadas, y Justin parecía estar molesto por lo que se reían.

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