divendres, 8 de novembre del 2013

HERMOSOS DESASTRES Capitulo#1 cuarta parte

Capitulo#1 cuarta parte

Doblé la esquina para ver a América junto a Finch fuera de mi dormitorio. Nosotros tres terminamos en la misma mesa en clase de orientación para primer año, y supe que él sería la tercera rueda a nuestra bien engrasada máquina. Él no era excesivamente alto, pero aun así mucho más que mi metro con sesenta y cuatro centímetros. Sus ojos redondos compensaban sus rasgos delgados y finos, y su pelo teñido por lo general era estilizado por la parte delantera. 
— ¿Justin Bieber? Jesús, ____, ¿Desde cuándo comenzaste a pescar en la parte profunda? —dijo Finch, con desaprobación en sus ojos. 
América sacó el chicle de su boca en una larga cuerda. —Sólo lo estás empeorando por ignorarlo. Él no está acostumbrado a eso. 
— ¿Qué sugieres que haga? ¿Dormir con él? 
América se encogió de hombros. —Te ahorrará tiempo. 
—Le dije que iría esta noche. 
Finch y América intercambiaron miradas. 
— ¿Qué? Él prometió dejarme de molestar si decía que sí. Tú irás esta noche, ¿verdad? 
—Bueno, sí —dijo América—. ¿En verdad vendrás? 
Sonreí y pasé junto a ellos hacia el dormitorio, preguntándome si Justin podría cumplir su promesa de no coquetear. Él no era difícil de descifrar; o él me veía como un reto, o lo suficientemente un atractiva para ser una buena amiga. No estaba segura cuál me molestaba más.
Cuatro horas después, América llamó a mi puerta para ir a casa de Shepley y Justin. Ella no se contuvo cuando salí al pasillo. 
— ¡Qué asco, ____! ¡Pareces una vagabunda! 
—Bien —dije, sonriendo a mi atuendo. Mi cabello estaba recogido encima de mi cabeza en un moño desordenado. Me había lavado el maquillaje de la cara y sustituí mis lentes de contacto por mis gafas con montura negra. Luciendo una andrajosa camiseta y pantalones de chándal, terminando con un par de chanclas. La idea se me había ocurrido horas antes, no ser atractiva era el mejor plan. Obviamente, Travis estaría desanimado inmediatamente y detendría su ridícula persistencia. Si él estaba en busca de un amigo, entonces sería muy poca cosa para ser vista a su lado. 
América bajó la ventanilla y escupió su goma de mascar. 
—Eres tan obvia. ¿Por qué no rodaste en mierda de perro para completar tu atuendo? 
—No estoy tratando de impresionar a nadie —le dije. 
—Obviamente. 
Nos detuvimos en el estacionamiento del apartamento de Shepley y yo seguí a América a las escaleras. Shepley abrió la puerta, riendo cuando entré. — ¿Qué te pasó a ti? 
—Está tratando de no impresionar —dijo América. 
América siguió a Shepley a su habitación. La puerta se cerró y me quedé sola, sintiéndome fuera de lugar. Me senté en el sillón cercano a la puerta y me quité mis sandalias. 
Su apartamento era más agradable que el típico apartamento de soltero. Los posters predecibles de mujeres medio desnudas y señales de tránsito estaban en las paredes, pero aparte de eso estaba limpio, los muebles eran nuevos y el olor a ropa sucia y de cerveza no estaba presente. 
—Ya era hora de que llegaras —dijo Justin, colapsando en el sofá. 
Sonreí y empujé las gafas sobre el puente de mi nariz, esperando a que él prestara atención a mi apariencia. —América tenía un ensayo que terminar. 
—Hablando de ensayos, ¿Ya has comenzado el de historia? 
Él ni siquiera se inmutó por mi cabello desordenado y fruncí el ceño ante su reacción. — ¿Tú? 
—Lo terminé esta tarde. 
—Pero no se entregará hasta el próximo miércoles. —le dije, sorprendida. 
—Sólo para borrarlo de la lista. ¿Qué tan difícil puede ser un ensayo de dos páginas sobre Grant? 
—Me imagino que soy floja, entonces —me encogí de hombros—. Es probable que lo comience hasta este fin de semana. 
—Bueno, si necesitas ayuda, házmelo saber. 
Esperé a que se riera, o mostrara algún signo de que estaba bromeando, pero su expresión era sincera. Levanté una ceja. —Tú me vas a ayudar con mi ensayo. 
—Tengo una A en esa clase —dijo un poco molesto ante mi incredulidad. 
—Él tiene A en todas sus clases. Él es un jodido genio. Lo odio —dijo Shepley mientras entraba en la habitación de la mano de América. 
Vi a Justin con una expresión dudosa y sus cejas se levantaron. — ¿Qué? ¿No crees que un hombre cubierto de tatuajes y que intercambie golpes para ganarse la vida no pueda obtener buenas calificaciones? No estoy en la escuela porque no tenga nada mejor que hacer. 
— ¿Por qué tienes que luchar, entonces? ¿Por qué no aplicas para becas? —Le pregunté. 
—Ya lo hice. Se me concedió la mitad de mi matrícula. Pero hay libros, gastos, y tengo que obtener la otra mitad. Lo digo en serio, Pidge. Si necesitas ayuda con algo, sólo pregunta. 
—No necesito tu ayuda. Soy capaz de escribir un ensayo. —Quería dejarlo en eso. Debí haberlo dejado en eso, pero lo nuevo que había revelado roía mi curiosidad—. ¿No puedes buscar otra cosa que hacer para ganarte la vida? Algo menos, no sé, ¿sádico? 
Justin se encogió de hombros. —Es una manera fácil de ganar dinero. No puedo ganar lo mismo trabajando en el centro comercial. 
—Yo no diría que es fácil si tú estás recibiendo golpes en la cara. 
— ¿Qué? ¿Estás preocupada por mí? —Me hizo un guiño. Hice una mueca y él rió entre dientes—. No soy golpeado con tanta frecuencia. Si tratan de golpearme, me muevo. No es tan difícil. 
Me reí una vez más. —Actúas como si nadie más haya llegado a esa conclusión. 
—No es solamente lanzar un golpe, recibirlo y contraatacar. Eso no va a ganar una pelea. 
Puse los ojos en blanco. — ¿Quién eres tú… el Karate Kid? ¿Dónde aprendiste a luchar? 
Shepley y América se miraron y luego sus ojos se posaron en el suelo. No me tomó mucho tiempo para reconocer que había dicho algo malo. 
Justin no parecía afectado. —Tuve un padre con problemas alcohólicos y mal temperamento y cuatro hermanos mayores que portaban el gen de idiotez. 
—Oh. —Mis orejas ardían. 
—No te avergüences, Pidge. Papá dejó de beber, los hermanos maduraron. 
—No estoy avergonzada. —Jugueteé con las puntas sueltas de mi cabello y luego decidí soltarlo y arreglarlo en otro moño, tratando de ignorar el silencio incómodo. 
—Me gusta tu aspecto al natural. Las chicas no vienen aquí así. 
—Fui obligada a venir aquí. No se me ocurrió que debía impresionarte —le dije, enfadada de que mi plan hubiese fracasado. 
Sonrió con su sonrisa infantil, divertida, la cual incremento mi ira, esperando a que cubriera mi inquietud. No sabía cómo la mayoría de las chicas se sentían a su alrededor, pero había visto su comportamiento. Estaba experimentando un desorientado y nauseo sentimiento en lugar de un sentimiento cálido de colegiala, y entre más él intentaba hacerme reír, más inestable me sentía. 
—Ya estoy impresionado. Normalmente no tengo que rogar para que las chicas vengan a mi apartamento. 
—Estoy segura. —le dije, haciendo una mueca de disgusto. 
Él era tan seguro de sí mismo. No sólo estaba descaradamente consciente de su físico, él estaba acostumbrado a que las mujeres se le lanzaran por lo que él consideraba mi actitud fría como algo refrescante en lugar de un insulto. Tendría que cambiar de estrategia. 
América apuntó el control remoto al televisor y la encendió. —Hay una buena película esta noche. ¿Alguien quiere saber dónde está Baby Jane? 
Justin se puso de pie. —Estaba a punto de ir a cenar. ¿Tienes hambre, Pidge? 
—Ya comí —me encogí de hombros. 
—No, no lo has hecho —dijo América, antes de darse cuenta de su error—. Oh… es cierto, se me olvidaba que tú tomaste una ¿pizza? Antes de irnos.
Hice una mueca ante su miserable intento de arreglar su metida de pata, y luego esperé la reacción de Justin. 
Él cruzó la habitación y abrió la puerta. 
—Vamos. Tienes que tener hambre. 
— ¿A dónde vamos? 
—Dondequiera que tú desees. Podemos ir a una pizzería. 
Miré a mi ropa. —Realmente no estoy vestida. 
Él me observó por un momento y luego sonrió. —Te ves bien. Vamos, que estoy muriendo de hambre.

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