Capitulo#1 cuarta parte
Doblé la esquina para ver a América junto a
Finch fuera de mi dormitorio. Nosotros tres terminamos en la misma mesa en clase
de orientación para primer año, y supe que él sería la tercera rueda a nuestra
bien engrasada máquina. Él no era excesivamente alto, pero aun así mucho más
que mi metro con sesenta y cuatro centímetros. Sus ojos redondos compensaban
sus rasgos delgados y finos, y su pelo teñido por
lo general era estilizado por la parte delantera.
— ¿Justin Bieber? Jesús, ____, ¿Desde cuándo
comenzaste a pescar en la parte profunda? —dijo Finch, con desaprobación en sus
ojos.
América sacó el chicle de su boca en una larga
cuerda. —Sólo lo estás empeorando por ignorarlo. Él no está acostumbrado a eso.
— ¿Qué sugieres que haga? ¿Dormir con él?
América se encogió de hombros. —Te ahorrará tiempo.
—Le dije que iría esta noche.
Finch y América intercambiaron miradas.
— ¿Qué? Él prometió dejarme de molestar si decía
que sí. Tú irás esta noche, ¿verdad?
—Bueno, sí —dijo América—. ¿En verdad vendrás?
Sonreí y pasé junto a ellos hacia el dormitorio,
preguntándome si Justin podría cumplir su promesa de no coquetear. Él no era
difícil de descifrar; o él me veía como un reto, o lo suficientemente un
atractiva para ser una buena amiga. No estaba segura cuál me molestaba más.
Cuatro horas después, América llamó a mi puerta
para ir a casa de Shepley y Justin. Ella no se contuvo cuando salí al pasillo.
— ¡Qué asco, ____! ¡Pareces una vagabunda!
—Bien —dije, sonriendo a mi atuendo. Mi cabello
estaba recogido encima de mi cabeza en un moño desordenado. Me había lavado el
maquillaje de la cara y sustituí mis lentes de contacto por mis gafas con
montura negra. Luciendo una andrajosa camiseta y pantalones de chándal,
terminando con un par de chanclas. La idea se me había ocurrido horas antes, no
ser atractiva era el mejor plan. Obviamente, Travis estaría desanimado
inmediatamente y detendría su ridícula persistencia. Si él estaba en busca de
un amigo, entonces sería muy poca cosa para ser vista a su lado.
América bajó la ventanilla y escupió su goma de
mascar.
—Eres tan obvia. ¿Por qué no rodaste en mierda de
perro para completar tu atuendo?
—No estoy tratando de impresionar a nadie —le dije.
—Obviamente.
Nos detuvimos en el estacionamiento del apartamento
de Shepley y yo seguí a América a las escaleras. Shepley abrió la puerta,
riendo cuando entré. — ¿Qué te pasó a ti?
—Está tratando de no impresionar —dijo América.
América siguió a Shepley a su habitación. La puerta
se cerró y me quedé sola, sintiéndome fuera de lugar. Me senté en el sillón
cercano a la puerta y me quité mis sandalias.
Su apartamento era más agradable que el típico
apartamento de soltero. Los posters predecibles de mujeres medio desnudas y
señales de tránsito estaban en las paredes, pero aparte de eso estaba limpio,
los muebles eran nuevos y el olor a ropa sucia y de cerveza no estaba presente.
—Ya era hora de que llegaras —dijo Justin,
colapsando en el sofá.
Sonreí y empujé las gafas sobre el puente de mi
nariz, esperando a que él prestara atención a mi apariencia. —América tenía un
ensayo que terminar.
—Hablando de ensayos, ¿Ya has comenzado el de
historia?
Él ni siquiera se inmutó por mi cabello desordenado
y fruncí el ceño ante su reacción. — ¿Tú?
—Lo terminé esta tarde.
—Pero no se entregará hasta el próximo miércoles.
—le dije, sorprendida.
—Sólo para borrarlo de la lista. ¿Qué tan difícil
puede ser un ensayo de dos páginas sobre Grant?
—Me imagino que soy floja, entonces —me encogí de
hombros—. Es probable que lo comience hasta este fin de semana.
—Bueno, si necesitas ayuda, házmelo saber.
Esperé a que se riera, o mostrara algún signo de
que estaba bromeando, pero su expresión era sincera. Levanté una ceja. —Tú me
vas a ayudar con mi ensayo.
—Tengo una A en esa clase —dijo un poco molesto
ante mi incredulidad.
—Él tiene A en todas sus clases. Él es un jodido
genio. Lo odio —dijo Shepley mientras entraba en la habitación de la mano de
América.
Vi a Justin con una expresión dudosa y sus cejas se
levantaron. — ¿Qué? ¿No crees que un hombre cubierto de tatuajes y que
intercambie golpes para ganarse la vida no pueda obtener buenas calificaciones?
No estoy en la escuela porque no tenga nada mejor que hacer.
— ¿Por qué tienes que luchar, entonces? ¿Por qué no
aplicas para becas? —Le pregunté.
—Ya lo hice. Se me concedió la mitad de mi
matrícula. Pero hay libros, gastos, y tengo que obtener la otra mitad. Lo digo
en serio, Pidge. Si necesitas ayuda con algo, sólo pregunta.
—No necesito tu ayuda. Soy capaz de escribir un
ensayo. —Quería dejarlo en eso. Debí haberlo dejado en eso, pero lo nuevo que
había revelado roía mi curiosidad—. ¿No puedes buscar otra cosa que hacer para
ganarte la vida? Algo menos, no sé, ¿sádico?
Justin se encogió de hombros. —Es una manera fácil
de ganar dinero. No puedo ganar lo mismo trabajando en el centro comercial.
—Yo no diría que es fácil si tú estás recibiendo
golpes en la cara.
— ¿Qué? ¿Estás preocupada por mí? —Me hizo un
guiño. Hice una mueca y él rió entre dientes—. No soy golpeado con tanta
frecuencia. Si tratan de golpearme, me muevo. No es tan difícil.
Me reí una vez más. —Actúas como si nadie más haya
llegado a esa conclusión.
—No es solamente lanzar un golpe, recibirlo y
contraatacar. Eso no va a ganar una pelea.
Puse los ojos en blanco. — ¿Quién eres tú… el
Karate Kid? ¿Dónde aprendiste a luchar?
Shepley y América se miraron y luego sus ojos se
posaron en el suelo. No me tomó mucho tiempo para reconocer que había dicho
algo malo.
Justin no parecía afectado. —Tuve un padre con
problemas alcohólicos y mal temperamento y cuatro hermanos mayores que portaban
el gen de idiotez.
—Oh. —Mis orejas ardían.
—No te avergüences, Pidge. Papá dejó de beber, los
hermanos maduraron.
—No estoy avergonzada. —Jugueteé con las puntas
sueltas de mi cabello y luego decidí soltarlo y arreglarlo en otro moño,
tratando de ignorar el silencio incómodo.
—Me gusta tu aspecto al natural. Las chicas no
vienen aquí así.
—Fui obligada a venir aquí. No se me ocurrió que
debía impresionarte —le dije, enfadada de que mi plan hubiese fracasado.
Sonrió con su sonrisa infantil, divertida, la cual
incremento mi ira, esperando a que cubriera mi inquietud. No sabía cómo la
mayoría de las chicas se sentían a su alrededor, pero había visto su
comportamiento. Estaba experimentando un desorientado y nauseo sentimiento en
lugar de un sentimiento cálido de colegiala, y entre más él intentaba hacerme reír,
más inestable me sentía.
—Ya estoy impresionado. Normalmente no tengo que
rogar para que las chicas vengan a mi apartamento.
—Estoy segura. —le dije, haciendo una mueca de
disgusto.
Él era tan seguro de sí mismo. No sólo estaba
descaradamente consciente de su físico, él estaba acostumbrado a que las
mujeres se le lanzaran por lo que él consideraba mi actitud fría como algo
refrescante en lugar de un insulto. Tendría que cambiar de estrategia.
América apuntó el control remoto al televisor y la
encendió. —Hay una buena película esta noche. ¿Alguien quiere saber dónde está
Baby Jane?
Justin se puso de pie. —Estaba a punto de ir a
cenar. ¿Tienes hambre, Pidge?
—Ya comí —me encogí de hombros.
—No, no lo has hecho —dijo América, antes de darse
cuenta de su error—. Oh… es cierto, se me olvidaba que tú tomaste una ¿pizza?
Antes de irnos.
Hice una mueca ante su miserable intento de
arreglar su metida de pata, y luego esperé la reacción de Justin.
Él cruzó la habitación y abrió la puerta.
—Vamos. Tienes que tener hambre.
— ¿A dónde vamos?
—Dondequiera que tú desees. Podemos ir a una
pizzería.
Miré a mi ropa. —Realmente no estoy vestida.
Él me observó por un momento y luego sonrió. —Te
ves bien. Vamos, que estoy muriendo de hambre.
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